Cuantas veces creí que podía morir

por algo, o alguien. 

Estuve de pie ante la inmensidad

preguntándome cómo existimos entre tanto infinito.

Me dolieron las entrañas

tantas noches que llore hasta el día siguiente.

Reí, hasta que ya no pude respirar.

Y en más de una oportunidad

el tacto de alguien más me elevó del suelo

en el viaje mágico de un beso.

Y creí que lo que había muerto

de repente renacia en un rostro nuevo.

Y vi dentro de tantos ojos a tantas almas,

oí tantas voces de ángeles que me convencieron del cielo.

Pero de todas esas sensaciones,

en cada kilómetro recorrido en cualquier dirección,

jamás lloré de alegría.

Como esa noche jamás amé. 

En mi egoismo espero,

que jamás hayas vuelto a amar igual. 

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