En una canción te guardo siempre,
máquina del tiempo.
A una canción puedo irte a buscar.
Tu voz me recibe con los brazos abiertos.
No hay dolor, ni distancia.

Como polvo disperso, brillante,
es como si estuvieras.
Sin poder tocarte, ni verte u olerte.
Sin embargo, en el tiempo viaja,
me alcanza la primavera de tu voz.

Arrastrándome hacia adentro,
enredada en tu sensación.
Me engaña la paz de ese infierno,
si aún sangro adentro.

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