Tu nombre me abre al medio,
hace un surco en mi pecho.
No quiero oirlo más.
Tu voz es dulce, pero mis oidos sangran.

Me va a doler.
Pero es que ya no puedo escucharte,
no quiero escucharte.
Cualquier opción que tome,
en ninguna de ellas te sostienen mis brazos.

Es injusto,
pero nadie dijo que el mundo
no era más que un montón de mierda.
A veces es sólo eso.

Y estoy cansada de luchar
dando golpes al aire,
gritos al viento.
Porque ya nadie me escucha.
Ni siquiera yo.

Quiero irme,
y si no me sigues,
¿qué importa ya?
De todas formas nunca has estado aqui.

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