Ya no puedo jugar un juego
donde sólo me encuentro
picando paredes para llegar
a su interior.

La distancia impuesta duele,
al punto que ni el amor alcanza
cuando el frío helado del cuchillo
te atraviesa el corazón.

Quise, pero no puedo.
No es mi culpa que sea así.
Ahora tengo un sólo amigo
y es el tiempo.

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