El universo en mi cabeza es paralelo
y te encuentro siempre ahí,
susurrandome palabras que no entiendo
pero escucho con ojos cerrados, como una canción.

Te espero a la misma hora,
como una cita.
Me alivia que siempe termines apareciendo
porque a veces pienso que me lo invento yo.

Entonces te siento llegar como el viento
con la luz del sol de la primavera
fresco, como nuevo.
Se va el frío, y de repente nunca fue invierno
dentro de mi.

No me merece,
me repito a mi misma una y otra vez,
creyendo que así voy a ser fuerte
para cerrar de un portazo la puerta.

Después me pregunto
qué interpreta de nosotros el universo
cuando cerramos la puerta
esperando que la golpeen de nuevo
para dejar pasar.

Mientras intento recuperar
el sonido de tu risa en mis recuerdos
y saber por qué deseo que vengas
con cualquier razón, a romperme el corazón.

Y la vida.

Siento tu presencia que me ahoga,
aunque no estás aca.
Te siento venir, son tus pasos.
Levantan un torbellino que no comprendo.

Deseo que llegues.
Me asusta que llegues.
Me duele en el pecho
y me cierra la garganta.

¿Es el miedo?
A que mi corazón sea tuyo,
a pesar de que me dije a mi misma que no.
No me merece.

El reloj se mueve lento
se derrite sobre el aparador,
me rindo.
Quizás nunca llegue, y asi es mejor.
Y logre mantenerme para siempre
en este limbo.

Cierro la puerta, y en un pestaneo,
golpeas.

10 18

Tal vez ya no escuche tu voz
ni vea tus manos, ni toque tu rostro.
El tiempo nos separó, o nosotros mismos,
y ya no te esperé más.
O lo haga muy adentro.
Siga entonces la vida, los días,
las estaciones con sus preguntas
y sus respuestas.
Quizás llegué a sentir que en verdad
ya no hay nada más que nos una.

Pero algunas noches, sin siquiera darme cuenta,
sin motivo aparente, cae sobre mi.
El peso de sentir que el único lugar,
aunque sea feliz cuando me despierto,
el único lugar al que pertenezco es tu rostro
y tu voz,
y tus pasos,
tus dedos en mi pelo,
y tu risa con tus ojos que se achinan,
y la forma en que corres,
igual a la forma en que corro,
y la forma en que volvés
como detiene el tiempo y mi corazón
arrancandolo en el minuto exacto en que faltaste.
Me vuelve más joven, más viva.
Despierto en el mundo paralelo
donde te toco y me enciendo.
Donde me tocás y te encendes,
por eso volvés.

Volvé.

6 18

I need to know where I belong. I can’t think with all those voices around me pointing out directions where I should go, things that should say.

I’m messy, but I see myself through it. I don’t want to hear all that noice trying to confuse me. I’m gonna fight against it because i don’t know how to stand still. I know there’s something in me, it’s talking to me. I want to know what it says, I want to follow it’s lead. Please take me there, whatever that means.

When the days all seem to repeat themselves while I’m inside this bubble, I can see lying in the couch a copy of a copy of a copy of myself wondering where did I do it wrong, where did I make the mistake that lead me here. How can I get out. How can I get rid of this cloud over my head that follows me everywhere.

I need something new.

A soft hand that takes me out of here.

A bright strange smile I can recognize like home. A smile that says we can go somewhere new.

Please give me something new. Something bright.

I want something beautiful.

I wish you could be here
to see what I’m seeing.

‘Cause we were just kids
and now I’m all grown up
walking down water.
When the seas get rough
I wish you could be here.

– Kodaline.

I hung a dreamcatcher in my room, hoping for good dreams. It brought you all the way back from the death of my inconciousness. As you held me in your arms, i could hear the voice coming out of my own mouth: this is all that i wanted, this is all that was missing, this is all that a needed to be happy again.

Hace un tiempo me di cuenta que no puedo escribir cartas de despedida para siempre. Que tengo que saltar el vacío de elegir dejarlo atrás, aunque ya esta ahí hace mucho tiempo.
Simplemente sigo pasando las páginas amarillas como si no las hubiera leído nunca, cuando las hojas se deshacen en mis manos, quebradizas.
En uno de los últimos libros que leí hablaba de los recuerdos y la memoria. Explicaba que cada vez que traemos recuerdos a la memoria más inmediata los “manchamos” con el presente, y una vez que la mente los archiva nuevamente, pierden su esencia original. Me pregunto desde entonces si sucede lo mismo con el recuerdo de sus brazos en mi cintura y su mejilla contra la mia. Cada vez que miro a un costado ya no está sobre mis hombros, pero aún puedo sentir la suavidad, la juventud de su piel de seda. ¿Será verdad que ese rostro ya no es el que recuerdo? O como lo recuerdo. ¿Quizás en mi modificación logro teñirlo con tristeza? ¿Cómo puedo asociarlo con una época feliz?
Me di cuenta en estos días encerrados que me convertí en estos últimos años (o siempre fui, sólo que no viví aún demasiado), en una persona que vive mirando para atrás. Hoy, por ejemplo, siento que hace unos años atrás (años en los que me creía triste) realmente fueron años muy afortunados.
Quizás en el futuro, estos años donde me siento estancada o girando en círculos sean años de gran aprendizaje. O años puente. O años que en el futuro voy a añorar.
Me plantee también si no soy adicta a la tristeza. Adicta a la belleza en la tristeza, quizás alguien ahí afuera entienda lo que quiero decir. La adicción a esa belleza me hundió en un pozo silencioso, donde un día me di cuenta que sólo entraba yo.
Decidí que me debía esforzar. Que no puedo vivir pensando que cuando algo llegue o cuando alguien llegue voy a ser plena. No puedo romantizar el amor que se da cuenta después de una vida que siempre te amó. ¿Siempre me amó?
Caí en la cuenta de lo ridícula que es la idea y de cuantas noches de mi vida le dediqué. Cuántas horas. Cuantos años. Y que ahora simplemente me planteo si soy alguien que puede amar. Si sé lo que significa, o realmente, si lo tuviera frente a mis ojos, podría reconocerlo.
Así que decidí que me tenía que esforzar, no a olvidar como cuando alimentas el dolor como un monstruo. No siento dolor. No siento mucho, en realidad. Solo esa melancolía rancia y monstruosa que a veces me ataca, que desasocia mi mente y mi consciencia de la realidad. Que hace que no me de cuenta que algo paso hace dos años, cinco años, ocho años, y no ayer. Que esas personas son otras personas, y yo soy otra persona. Aunque sienta que caminé en circulos, quizás, pero me moví de alguna manera en una escalera caracol. Aunque sienta que mis pies estan enterrados en un lodo invisible, uno siempre se mueve.
Me mantuve en silencio por un tiempo, realmente la melancolía rancia no deja mucho que decir, más que palabras viejas que ya dijiste y no tienen más sentido. Leo las palabras del pasado y son de una extraña que no reconozco. De lugares que recuerdo pero no siento haber estado ahí. Sobre sangre derramada que me pregunto si es la mía, o si ya estoy vacía por completo. Quizás se haya secado en realidad, porque dejé de moverme. Olvidé que tengo que encontrar otro lugar, otras voces, otros rostros. Que si me quedo en el mismo lugar solo me veo a mi misma, y dentro mío paso una y otra vez, páginas llenas con palabras vacías, con recuerdos vacíos sin significado, con lágrimas que caen una y otra vez por unos ojos que me preguntan por qué hacemos esto, porque es la única manera de sentir algo. Porque el alma quiere sentir algo, pero no hay nada nuevo que sentir.